Metafísica de los tubos

En el principio no había nada. Y esa nada no estaba ni vacía ni era indefinida: se bastaba sola a sí misma. Y Dios vio que aquello era bueno. Por nada del mundo se le habría ocurrido crear algo. La nada era más que suficiente: lo colmaba.

AMELIE NOTHOMB, Metafísica de los tubos

Traducción de Sergi Pàmies

Anagrama, 2000.

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