LA MARAVILLOSA VIDA BREVE DE ÓSCAR WAO

Dicen que primero vino de África, en los gritos de los esclavos; que fue la perdición de los taínos, apenas un susurro mientras un mundo se extiguía  y otro despuntaba; que fue un demonio que irrumpió en la Creación a través del portal de pesadillas que se abrió en las Antillas. Fukú americanus, mejor conocido como fukú -en términos generales, una maldición o condena de algún tipo: en particular, la Maldición y Condena del Nuevo Mundo.

Autor: Junot Díaz

Editorial: Mondadori

Los colores olvidados

Carmesina nació en el seno de una familia cualquiera en una ciudad triste de un lugar poco conocido. Vino al mundo en una mala época: los países iban a la deriva y el ambiente de hastío no era el más indicado para traer niños al mundo. Tal era el desaliento que sin saber cómo ni por qué hasta los colores empezaron a desaparecer, dejándolo todo de un gris frío e impersonal. Carmesina fue concebida sin la pretensión de sus padres, que no creían que se pudiera crear vida, ni mucho menos mantenerla, en aquellos tiempos de estados carenciales. Sin duda, eran días oscuros, inapetentes y de crisis generales. A medida que el gris parecía extenderse, todo el mundo sucumbía al desánimo.

Título: Los colores olvidados
Autor:  Silvia G. Guirado
Editorial: Play Attitude

Una pena en observación

Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo. Yo no es que esté asustado, pero la sensación es la misma que cuando lo estoy. El mismo mariposeo en el estómago, la misma inquietud, los bostezos. Aguanto y trago saliva.

Otras veces es como siestuviera medio borracho o conmocionado. Hay una especie de manta invisible entre el mundo y yo. Me cuesta mucho trabajo enterarme de lo que me dicen los demás. tiene tan poco interés. y sin embargo quiero tener gente a mi alrededor. Me espantan los ratos en que la casa se queda vacía. Lo único que querría es que hablaran ellos unos con otros, que no se dirigieran a mí.

Título: Una pena en observación
Autor:  C. S. Lewis
Editorial: Anagrama
Traducción: Carmen Martín Gaite

El libro de la selva

Eran las siete de una noche muy cálida en las colinas Seeonee cuando el padre Lobo se despertó de su descanso diario, se rascó, bostezó y se desperezó estirando sus patas una tras otra. La madre Loba permanecía echada con su gran morro gris apoyado encima de sus cuatro crías tumbadas que no paraban de chillar, mientras la luna brillaba en la entrada de la cueva en que que vivían.

-¡Grrr! -dijoel padre Lobo- Es hora de salir a cazar.
Iba a descender por la colina corriendo cuando una pequeña sombra de espesa cola cruzó la entrada y aulló:
-Te deseo suerte, jefe de los lobos. Y que los nobles pequeños sean afortunados y sus colmillos fuertes y blancos, y que nunca se olviden de los hambrientos de este mundo.
Era el chacal Tabaqui, el lameplatos. Los lobos de la India menosprecian a Tabaqui porque es chismoso, cuenta mentiras y come trapos y pedazos de piel de los montones de basura de la aldea. Pero también lo temen porque Tabaqui, más que cualquier otro en la jungla, puede volverse loco y entonces se olvida de sus temores y corre por la jungla mordiendo todo lo que encuentra a su paso, incluso el Tigre corre a esconderse cuando el pequeño Tabaqui enloquece, porque la locura es lo peor que puede ocurrirle a una criatura salvaje. Lo llamamos hidrofobia, pero ellos lo denominan dewanee (la locura) y corren.

Título: El libro de la selva
Autor: Rudyard Kipling
Editorial: Piruleta
Traducción: Anna Gasol Trullols

La dama número trece

La sombra se deslizaba entre los árboles. La maleza y la noche le otorgaban el aspecto de una figura incorpórea, pero era un hombre joven, de cabello largo, vestido informalmente. Al llegar al límite de la espesura se detuvo. Tras una pausa, como para asegurarse de que el camino se hallaba libre, atravesó el jardín en dirección a la casa. Era grande, con una galería de columnas blancas en la fachada a modo de persitilo. El hombre subió las escalinatas de la galería, penetró en la casa con tranquila sencillez, recorrió la planta baja sin encender una sola luz y se paró frente a la puerta cerrada del primer dormitorio. Entonces sacó del bolsillo uno de los objetos que llevaba. La puerta se abrió sin ruido. Había una cama, un bulto bajo las sábanas; se oía una respiración. El hombre entró como la niebla, más leve que una pesadilla, se acercó al lecho y vio la mano, la mejilla, los ojos cerrados de la muchacha dormida. Apartó con delicadeza la mano y, segundos antes de que despertara, levató su pequeó mentón descubriendo el cuello desnudo, un punteado de lunares, la vida latiendo bajo la piel; apoyó la punta del objeto cerca de la nuez y ejerció una ligera y exacta presión.

Título: La dama número trece
Autor: José Carlos Somoza
Editorial: Debolsillo

La guerra de Troya

LA FUNDACIÓN DE TROYA

Se dice que Troya fue fundada por el príncipe Escamandro que, a causa del hambre, se marchó navegando hacia el este, desde la isla de Creta, con un gran número de seguidores, dispuesto a fundar una colonia en algún lugar fértil. Un oráculo le ordenó instalarse en cualquier lugar donde los enemigos nacidos de la tierra desarmaran a sus hombres al caer la noche. Atracó en la costa de Frigia, a la vista de una montaña alta cubierta de pinos a la que llamó Ida en honor al monte cretense del mismo nombre y acampó al lado de un río al que puso su propio nombre, Escamandro. A la mañana siguiente, cuando se despertaron los cretenses, vieron que un tropel de ratones hambrientos había roído las cuerdas de sus arcos, las correas de cuero de sus escudos y todas las partes comestibles de sus armaduras. Por lo tanto, éstos debían de ser los enemigos nacidos de la tierra de los que hablaba el oráculo.

Título: La guerra de Troya
Autor: Robert Graves
Editorial: Unidad Editorial
Traducción: Fénix Servicios Editoriales

El juego de Ender

-He mirado con sus ojos, he escuhcado con sus oídos, y te digo que es el indicado: o por o menos, lo más adecuado que vamos a encontrar.
-Eso es lo que se dijo del hermano.
-El hermano resultó imposible. Por otras razones. Independientemente de su capacidad.
-Lo mismo pasó con la hermana. Y hay dudas sobre él. Es demasiado maleable. Demasiado dispuesto a sumergirse en la voluntad de otro.
-No si el otro es su enemigo.
-¿Qué haremos entonces? ¿Rodearle continuamente de enemigos?
-Si es preciso sí.
-Creía que habías dicho que te gustaba ese chico.
-Si los insectores le cogen, harán que parezca que soy su tío favorito.
-De acuerdo. Al fin y al cabo, se trata de salvar al mundo. Siga con él.

Título: El juego de Ender
Autor: Orson Scott Card
Editorial: Edición B Zeta Bolsillo
Traducción: José María Rodelgo y Antonio Sánchez

Hermosa soledad

3 DE ENERO   DESPEJADO

Sueño
que corro por una llanuera desierta.
Hasta donde alzanza la vista hay niebla,
la luz de mi mano pronto se apagará.

en este mundo solitario corro sin cesar,
sin dejar de repetirme:
ya llego,
ya llego.

El camino se extiende infinito ante mí,
mientras el viento aúlla en mis oídos…

Con un restallido,
de repente emprendo el vuelo.

Título: Hermosa soledad
Autor: Jimmy Liao
Editorial: Barbara Fiore Editora
Traducción: Jordi Ainaud i Escudero

Las batallas en el desierto

Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél? Ya había supermercados pero no televisión, radio tan sólo: Las aventuras de Carlos Lacroix, Tarzán, El Llanero Solitario, La Legión de los Madrugadores, Los Niños Catedráticos, Leyendas de las calles de México, Panseco, El Doctor I.Q., La Doctora Corazón desde su Clínica de Almas. Paco Malgesto narraba las corridas de toros, Carlos Albert era el cronista de futbol, el Mago Septién transmitía el beisbol. Circulaban los primeros coches producidos después de la guerra: Packard, Cadillac, Buick, Chrysler, Mercury, Hudson, Pontiac, Dodge, Plymouth, De Soto. Íbamos a ver películas de Errol Flynn y Tyrone Power, a matinés con una de episodios completa: La invasión de Mongo era mi predilecta. Estaban de moda Sin ti, La rondalla, La burrita, La múcura, Amorcito Corazón. Volvía a sonar en todas partes un antiguo bolero puertorriqueño: Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti.

Título: Las Batallas en el desierto
Autor: José Emilio Pacheco
Editorial: Ediciones Era

Bueno, me largo

“Bueno, ¡me largo!“. Mucho más no les he contado a mis amigos antes de marcharme. Simplemente, me voy a caminar por España. Mi amiga Isabel reaccionó con una sentencia lapidaria: “¡Estás como una cabra!”

Título: Bueno, me largo
Autor: Hape Kerkeling
Editorial: Suma de letras
Traducción: Olga Martín

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